Esta nueva conciencia [la reflexión], de superioridad potencialidad, este reflejo abstracto de todo lo intuitivo en el concepto no intuitivo de la razón, es lo único que concede al hombre aquel discernimiento que distingue absolutamente su conciencia de la de los animales, y por la cual todo su peregrinaje sobre la tierra aparece tan diferente del de sus hermanos irracionales. Él los supera por igual en poder y en sufrimiento. Ellos viven sólo en el presente; él, a la vez, en el futuro y en el pasado. Ellos satisfacen la necesidad momentánea; él mira por su futuro, al servicio del cual inventa las instituciones más artificiosas, y, más aún, se preocupa por el tiempo que no podrá vivir. Ellos viven entregados por completo a la impresión del momento, a la acción de motivo intuitivo; a él lo determinan conceptos abstractos independientes del presente. Por eso pone en práctica planes meditados u obra según máximas, sin considerar su entorno ni las impresiones accidentales del momento. Y así puede, por ejemplo, hacer con serenidad los preparativos artificiales para su propia muerte, disimular hasta lo inescrutable y llevarse su secreto a la tumba. Finalmente es capaz de una verdadera elección entre varios motivos, pues sólo in abstracto pueden tales motivos, presentes simultáneamente en la conciencia, permitir el conocimiento de que uno excluya al otro y así medir y contrastar su poder contra la voluntad. Luego, el motivo preponderante, que es el que inclina la balanza, se convierte en decisión meditada de la voluntad y manifiesta su naturaleza como un signo seguro. El animal, por el contrario, vive determinado por la impresión presente. Sólo el temor a la violencia del momento puede dominar sus deseos hasta que, finalmente, ese temor se hace costumbre y lo determina en adelante: en esto consiste el adiestramiento. El animal siente y percibe; el hombre, además, piensa y sabe; ambos quieren. El animal comunica sus sentimientos y sensaciones mediante gestos y sonidos; el hombre comunica a los demás sus pensamientos por medio del lenguaje, o los oculta también por medio del lenguaje. El lenguaje es el primer producto y la herramienta necesaria de su razón. (…) El animal conoce la muerte sólo cuando muere; el hombre se aproxima a ella conscientemente en cada momento, y esto a veces dificulta la vida incluso al que a lo largo de toda ella ha desconocido este carácter de constante aniquilamiento. Por tal motivo, fundamentalmente, posee el hombre filosofías y religiones.” (Págs. 63 y 64)